Capitulo IV: Lo que prohibe la honestidad

Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad.

(Séneca)

Artículo 35 de la Constitución Española.

1.Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo,

a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y

a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y

las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

Si hoy tuviera que repetir mi experiencia de los quince años, estoy convencido que, ese mismo empresario, no me hubiera admitido en su taller eléctrico. Por eso me cuestiono si la sociedad que estamos construyendo es una sociedad justa. No entra dentro de mi esquema mental que lo que antes servía para que un joven se “hiciera un hombre de provecho” hoy ya no sirva.

Creo que estamos construyendo un modelo social por un camino equivocado. Es probable que los ciudadanos tengamos consagrados y reconocidos mas derechos, mas libertades, incluso puede que tengamos menos obligaciones, pero si los derechos no pueden hacerse efectivos es como si no existieran.

Una sociedad con tantas proclamas constitucionales no puede permitirse el lujo de que mas de cinco millones de personas queriendo trabajar ¡NO PUEDAN! hacer efectivo su derecho.  Es un autentico desastre que mas de la mitad de nuestros jóvenes no encuentren trabajo, sin trabajo no hay futuro. Si yo no hubiera dispuesto de la oportunidad que me brindo el dueño del taller hoy no seria el mismo, por ello me niego a aceptar  resignadamente en silencio la situación, hay que rebelarse y levantar la voz para reclamar cambios no quiero que nuestros descendientes sienta vergüenza de la sociedad que les hemos dejado. Revisemos el modelo obsoleto de sociedad que nos hemos dado, estamos obligados a ello.

Pero si el problema del acceso a la ocupación de un puesto de trabajo es grave, no lo son menos  los hechos que se nos presentan a diario donde a la gente se le priva de la vivienda donde vive porque es desahuciada al carecer de ingresos, en unos casos; o en otros, cuando carecen de recursos y de oportunidades para acceder a ella. Pero en un camino de recortes infinitos, nuestra sociedad representada por su Gobierno, cada día recorta un poco mas; por el contrario, no resulta extraño que la asistencia sanitaria, Caritas, los Bancos de Alimentos, los albergues de los sin casa, no den a basto “trabajando” para atender las necesidades de quienes “la sociedad” ha condenado a la marginalidad, no puedo mirar hacia otro lado, tengo que gritar y decir que esta sociedad así no tiene sentido, ¡NO TIENE FUTURO!.

Yo no comprendo de esta manera el mundo, he tenido que trabajar una parte de mi vida laboral bajo el marco jurídico formulado por los Gobiernos de la dictadura del General Franco; mis derechos como trabajador nunca los sentí quebrantados, tampoco sentí la necesidad de defenderlos frente al empresario, ya que cuando no me interesaban las condiciones, informado de otra empresa que  ofrecía condiciones mas ventajosas, me marchaba. Entonces había trabajo para quien lo quisiera, si, efectivamente, las relaciones laborales no eran como ahora, pero había trabajo. ¿De que sirven los derechos si no se puede trabajar, si no se puede acceder a una vivienda, si uno no puede independizarse?.

En cualquier caso, no quiero decir que el sistema jurídico de la dictadura fuera mejor para los trabajadores. No, no quiero justificar ningún sistema que reprima la libertad, ni tampoco un régimen que forzó a emigrar al extranjero a cientos de miles de españoles.

Para lo bueno y para lo malo, de aquella España atrasada surgió la actual, con una estructura empresarial representada por millones de trabajadores autónomos y por centenares de miles de pequeñas empresas, algunos miles de medianas empresas y unos cientos de grandes empresas.

En aquellos años sesenta y setenta a los que me remito, había carencias, defectos, una sociedad atrasada pero con ambición por hacer que las cosas funcionaran. Me pregunto muchas veces como es posible que habiéndonos dado mas libertades, y reconocido no se cuantos derechos, sin embargo, ahora estemos padeciendo esta situación que abre una enorme brecha entre ricos y pobres.

Salimos de una dictadura para disponer de libertad ideológica,  libertad de expresión, libertad religiosa, libertad de empresa, …en fin se nos prometía acceder a un modelo de sociedad mas justa donde se entendía que con la consagración de los derechos fundamentales y el reconocimiento del acceso a una vivienda digna, así como del derecho y el deber de trabajar todo eso no se quedara en mero papel mojado, hoy nos encontramos con una sociedad que si, efectivamente tenemos muchas libertades reconocidas.

Todos esos contenidos programáticos parecen hechos para su aplicación  para la parte de la sociedad que es afortunada, pero no para los casi seis millones de españoles que queriendo hacer efectivo el derecho a trabajar no pueden y eso les supone ejercer la libertad de salir del país para buscar el trabajo que aquí se les niega.

En algunas ocasiones reflexionando sobre estas cuestiones me llego a plantear que en realidad resultan efectivos tantos derechos y libertades constitucionales para los mas violentos, para los mas agresivos, para los mas extremos, para los morosos profesionales, para los chorizos, pero para quienes son cumplidores y respetuosos con la ley sentimos permanentemente los agravios comparativos que presenta nuestro sistema. ¡Demasiada injusticia!.

Tenemos una norma suprema, la Constitución, para hacerla efectiva, los ciudadanos, hemos delegado la responsabilidad de su desarrollo en unos políticos que nos han fallado; en estos momentos de crisis, una parte cada vez mayor de la ciudadanía nos cuestionamos si al frente de los poderes del Estado, los miembros del Ejecutivo (Gobierno), del legislativo (Congreso de los Diputados y Senado), y el judicial (Tribunales de Justicia), tienen claro que su actividad se encuentra al servicio de los intereses generales.

La lista de quienes han sobrepasado la línea roja de la honradez, crece cada día mas, incluso se incorporan quienes habían tenido una imagen pública bastante potente como la del Señor Garzón por ejemplo, o el anterior presidente del Consejo Superior del Poder Judicial, comenzamos a conocer la punta de un iceberg donde los excesos, los abusos y la falta de ética han estado guiando su actuación y permitido que fueran desempeñados sin el debido compromiso ni consideración con el interés general.

Como  muestra un botón, de lo que un día descubro sobre los escandalosos privilegios que los diputados y senadores se han encargado de poner a su disposición para la defensa del interés ¿general?, algunos ejemplos:

  • Cuando toman posesión del escaño se les asigna un iPhone 4S, un iPad, un PC en el despacho, conexión Adsl, tienen derecho a un asistente
  • Un diputado o senador tiene que estar sólo siete años en el cargo para optar al 80 por 100 de la pensión máxima.
  • La retención de las nominas de diputados y senadores es sólo del 4,5%
  • El Congreso gasta cada año 160.000 euros en regalos navideños.
  • Tienen residencia en Madrid pero cobran 120,80 diarios para sus viajes
  • Si no tienen coche oficial, perciben 3.000 euros anuales para taxis.
  • Quienes no resultaron elegidos por la capital, perciben 1.823 euros mensuales más para alojamiento y manutención
  • Cuando dejan de ser diputados, perciben una paga mensual de 2.813 euros hasta un máximo de dos años
  • Etc.

Tanto privilegio, tanta pillería tenía que hacer sonrojar a toda la Cámara, pedir perdón y presentar su dimisión, pero ¡no!, siguen ahí. ¿A quienes estamos votando?. ¿Qué ejemplo trasladan a sus representados?.

Los partidos políticos han convertido el sistema en una partidocracia, privando de su independencia a los representantes políticos a quienes someten a la voluntad de los intereses de las cúpulas de los partidos, así es como atrapan las voluntades de aquellos y a cambio les permiten repartirse las prebendas, canonjías, distribuyendo privilegios a espaldas de una ciudadanía que ve a la clase política como un problema.

La profesionalización de la actividad política ha favorecido esa partidocracia, ya que una vez que acceden a la poltrona garantizan su presencia, en la misma, legislatura tras legislatura sin otro fin que acumular poder y antigüedad a los efectos de obtener unos beneficios que se traducen en privilegios y que provocan vergonzosos agravios comparativos para con los ciudadanos.

Desde las remuneraciones salariales, los gastos de representación, las dietas, las entregas de ipad, tabletas, las cotizaciones a la Seguridad Social, los salarios por jubilación anticipada, las pagas posteriores a los ceses de la actividad como parlamentarios…

Así de esta forma anteponen la defensa de los intereses personales sobre los generales; no resulta extraño que los medios de comunicación una y otra vez se acaben haciendo eco de estos abusos, y en vez de prevenir para evitar nuevos casos, se dedican a mirar hacia otra parte como si no fuera con ellos.

Cuando en el currículo vitae de uno de esos paniaguados, sólo figura haber sido ministro o ministra y no haber tenido alguna otra experiencia laboral en la vida privada, eso es terrible.

A la actividad política han accedido centenares de personas sin cualificación, ni capacitación, sin experiencia en temas de gestión, sin conocimientos económicos, con muchísimos prejuicios, y con mucha caradura, habiendo medrado gracias a una perorata demagógica aprendida en las charlas del colectivo que decían representar.

Se debería cuidar mucho más el acceso y la formación de los políticos, puesto que cuanto menos preparados mas dependencia tendrán del núcleo duro de los partidos, no nos engañemos lo que favorecen, esas cúpulas, es el gregarismo por encima de la independencia de pensamiento.

A esos atrevidos -que lo son por ignorancia y servilismo- se les impone la disciplina del partido, lo importante es lo que decida la dirección del partido. Se premia el gregarismo por encima de la independencia, se favorece el sometimiento a los dictados de la dirección frente a la iniciativa personal o de los grupos.

La critica es estigmatizada, la confrontación de las ideas no interesa, Únicamente la disciplina es valorada por la dirección de esos partidos, -el que se mueva no sale en la foto-.

En mi humilde opinión, aquí se encuentra una de las causas que provocan luego decisiones perjudiciales para la sociedad. Inexistencia de reglas democráticas en el seno de los partidos. Muchas decisiones de los partidos han contribuido a deteriorar la calidad de vida de los ciudadanos desde la aprobación de la Constitución en el 78, y se han silenciado cuando no defendido como si de una conquista social se tratara.

Esta es una verdadera realidad, la partidocracia ha degradado la calidad de nuestra clase política, los mas preparados no se sientan en los escaños de los parlamentos, sino que se encuentran en los Consejos de Administración de las empresas privadas, en los despachos profesionales, en los despachos de algunas Universidades, en los talleres, en la calle, quien se tiene por independiente sabe que no puede perder el tiempo luchando contra la mediocridad del necio, sufriendo zancadillas tramposas de quienes sin escrúpulos se han hecho hueco en todas las Áreas de representación pública.

El nivel de mediocridad y las malas artes tienen elevadísima representación en la clase política, prueba de ello es que la sociedad española reconoce, percibe a los políticos y los partidos políticos como uno problemas que perjudica a nuestro país.

A pesar de todo, los políticos no se dan por enterados, se amparan en la afirmación de que la mayoría no son como los sinvergüenzas. Lo que no entiendo es porque les consienten sus trampas y no son los primeros en denunciarlos. Los ciudadanos no comprendemos las causas extrañas que existen para que les protejan.

No es un problema de mayorías ni de minorías, sino que es un problema social, en el que muchos españoles pensamos que al frente de las Administraciones hay demasiadas personas que bien por incompetencia o ya sea por desidia no impiden que los mas sinvergüenzas se lo lleven crudo; además, a los ciudadanos nos “jode” que nos tomen por tontos.

Cuando los medios de comunicación publican una noticia que informa sobre un caso de corrupción, los supuestos políticos honrados, en vez de ser los primeros en exigir transparencia y rápida resolución del escandalo, ¡que va!,  se ponen a la defensiva, que si el derecho a la presunción de inocencia, ¡que si!, los de la calle ya estamos cansados de tanta patraña, ¡coño! que casi siempre se acaba demostrando que la información-denuncia inicial era correcta.

El acceso de la ciudadanía a la actividad política encuentra altas barreras como para alcanzar la notoriedad suficiente para dar a conocer los mensajes alternativos, los medios de comunicación exigen determinada representatividad para ocupar el interés de los periodistas. Claro, la representatividad la dan las urnas, pero los políticos se han encargado en elevar el porcentaje de representatividad que se ha de obtener para tener acceso a las instituciones y ya que el sistema electoral favorece a los partidos grandes, difícilmente un proyecto novedoso y verdaderamente pensado para beneficio de la ciudadanía tendrá alguna opción para hacerla efectiva.

Durante buena parte de mi vida, nunca sentí que la actividad política afectara a mi vida, hasta que comprendí el efecto que tenia sobre mi actividad profesional en los tributos, impuestos, tasas, precios públicos, mas impuestos, mas tasas…

Cuando cumplí los diecisiete años, como todos los chicos de mi edad, me centre en buscarme la vida, en incorporarme al mundo laboral. Durante ocho meses, me subí al camión que mi padre había comprado, aprovechando la ocasión que se le presentó como mayorista, al necesitar un ayudante y, queriendo que yo me hiciera un hombre de provecho, concurrieron las circunstancias para que su hijo, o sea yo, aprendiera la profesión de camionero de la mejor forma, convirtió la cabina del camión en el aula y mi padre erigió en el maestro.

Fueron meses intensos de trabajo y de aprendizaje; recorriendo España por unas carreteras estrechas y sinuosas, en cualquier caso adecuadas a los flujos de trafico de la época. El esmero paterno por sintetizar conceptos a base de ejemplos prácticos, lo mismo se encontraban en la cabina del camión, que en el chiringuito o en la pensión de carretera.

Como a mi me gustaban los camiones y conducir por esas carreteras; decidimos que el lo haría durante día y yo de noche, así estuvimos trabajando como “burros” los ocho meses; eran años en que había mucho trabajo.

De mi padre, guardo gratos recuerdos, el había dejado su trabajo por cuenta ajena en “Trefilerías Quijano” de los Corrales de Buelna, para dedicarse al transporte como trabajador autónomo, así que compró su camión y; al carecer de permiso de conducir esos vehículos; contrató a un chofer, hasta que después de un año aprobó el examen y se puso al frente del volante.

Para la familia fueron años duros y difíciles, empezar un nuevo negocio desde cero, supuso muchos sacrificios, esfuerzos e incluso privaciones, el éxito no llegó de la noche a la mañana, tuvo que ganarse la confianza de los clientes, el crédito, que solo se obtiene con el paso del tiempo, así es que aprovechando que el negocio comenzaba a repuntar no fue extraño que al cambiar de camión, mi padre me invitara a subir y viajar con el.

Como comunicador y despierto que era, convirtió la cabina del camión, en el aula donde con su verbo magistralmente argumentaba y me descubría el sentido de las operaciones y los negocios que tramaba la mayoría de las veces con buen criterio.

El argumentarlo diverso, expresivo, convincente, en los casos que tomaba la posición como vendedor no tenia nada que ver con aquel otro al que recurría cuando adoptaba la de comprador de la carga; entonces las objeciones, los matices y los inconvenientes de las mercancías, eran circunstancias determinantes del precio que tendría el transporte de esas mercancías.

Mi padre fue ganando autoridad, como maestro en el mundo de la negociación,  y sentía como disfrutaba dejando satisfecho al cliente; era capaz de construir velozmente las claves con las que le ayudaba a reconocer la conveniencia, las ventajas y las oportunidades que presentaba su oferta.

Reconozco que tenia facilidad para empatizar, y gran habilidad para escuchar, así que siempre estaba dispuesto a prestar los oídos a sus clientes, incluso empleaba las preguntas de forma reiterada para que se explayaran y detectar así sus necesidades y sus puntos débiles.

Siempre tuvo claro que la información daba una posición ventajosa. Esta capacidad junto a su memoria natural le permitían dar continuidad a sus permanentes idas y venidas por todo el país.

Eran tiempos en que en España había trabajo, la gente también como ahora pensaba en buscarse la vida porque había carencias, muchas carencias que se veían por todas partes, pero a pesar de todo había mucha gente que pensaba en prosperar ¡trabajando!.

Esta era mi perspectiva, era la de mi padre y la de los amigos de mi padre, en lo que pensaba la gente del barrio…  Para mi aquella etapa de aprendizaje con mi padre finalizó cuando ciertos problemas familiares se interpusieron en el camino. Las desavenencias junto a la intransigencia de dos hermanos adolescentes quisieron que mi padre me pusiera en la tesitura de rectificar o bajarme de la cabina.

Bueno en realidad fue el “cachete” de mi padre lo que me orientó hacia la puerta del taller de Ballestas. Las relaciones paterno filiares, como en todas las familias españolas de entonces estaban generalmente guiadas por el principio de autoridad del “pater familias” en las que, este, para restablecer el respeto a la regla infringida empleaba el “cachete autoritario”, recurso hoy condenado como actitud “deplorable y violenta”.

¿Quién no recibió un cachete?, algunos excepcionalmente son de agradecer, porque pueden ayudar a abrir los ojos en quien los recibe. Por el contrario, actualmente, como hijo, tendría derecho a discernir entre denunciar a mi padre ante la guardia civil, o callar y someterme a su autoridad; en mi caso en vez de someterme a la voluntad de mi padre, decidí comenzar una nueva etapa en las relaciones laborales por cuenta ajena; pero como no podía ser de otra manera seguí guardando el respeto a mi padre, el cual a su vez muy a su pesar respeto mi decisión.

En la década de los “70” el tajo, el taller, o la fábrica eran la entrada normal en el mercado del trabajo de los jóvenes de mi generación, sin mayor dificultad, lo único que hacia falta era tener ganas o necesidad de trabajar.

Cierto es que entre los jóvenes era mas frecuente la necesidad lo que les movía a incorporarse al mundo de la población activa ocupada. Así que me bajé de la cabina del camión y a partir de ahora mi centro de trabajo se encontraría en los talleres de “Ballestas Baimu” donde permanecí hasta que el destino me llevó a trabajar a Vizcaya.

A la edad de  dieciocho años se puede decir que tenia encauzada profesionalmente mi vida, desde entonces nunca hasta el día de la “huelga de marzo de dos mil doce” había dejado de trabajar un solo día; el trabajo es tan importante para mi que nunca he sentido que las cosas estuvieran tan fáciles como para perderlo. Siempre me he valido por mi mismo para defender mis derechos y he confiado en mi instinto para aprovechar las oportunidades.

Mi vida cambio y comenzó a ser diferente un día, cuando mis padres, invitaron a comer, en casa, a unos amigos; se trataba de un Ingeniero Técnico que ejercía como Jefe de Obra de una empresa cubana en España dedicada a montajes metalúrgicos en Refinerías y su compañera; durante la comida se interesó por lo que estaba haciendo y le respondí que trabajaba en un taller de Ballestas; de forma inopinada me propuso irme con el a trabajar a la Refinería de Somorrostro (Muskiz). ¡Trabajar en la Refinería que se estaba construyendo allí!, en ese lugar por donde tantas veces había pasado, durante la noche, en el camión de mi padre y que tanto me llamaba la atención la luz de los candiles en las barcas dedicadas a la pesca de angulas.

La propuesta consistía en trabajar de conductor, el salario que me ofrecía eran dieciséis mil pesetas!!!!. Caray, diez mil pesetas mas al mes que mi salario de entonces; en la Firestone un trabajador ganaba ocho mil pesetas. No hizo falta que me argumentara nada mas mi decisión estaba tomada, mis padres no se iban a oponer, al fin y al cabo me iba a trabajar con un amigo de la familia, fue suficiente con escuchar mi palabra. El lunes siguiente mi madre me dejó en una pensión de Castro Urdiales, por mil trescientas sesenta pesetas semanales acordamos mi alojamiento con desayuno, comida y cena  en una pensión donde yo pasaría los siguientes años de mi vida.

Mi nueva actividad profesional comenzó un martes, el jefe de obra me recogió a primera hora para ir a un taller donde se encontraba un Jet Viasa acristalada y preparada para el transporte de los obreros. Recibidas las instrucciones me subí al vehículo para recoger al grupo de trabajadores y los deje en la zona de Santurce donde se encontraba el “tajo” de la empresa, al cabo de unos pocos días comencé a coger confianza; y llegué a darme cuenta de que había otras formas de vida distintas a las que hasta entonces había conocido, y que supone que si te preocupas por trabajar, por luchar con ambición te permitirían llegar mas arriba. No me costaría mucho asimilar los nuevos aprendizajes,  rápidamente tomé conciencia de mis propias carencias lo que me llevo a tomar una nueva decisión “estudiar maestría” por las noches.

Era tanto el entusiasmo que me invadía y las ganas que sentía por aprender que comencé a realizar practicas por mi mismo; durante la comida, volvía locos a los compañeros con mis preguntas. Puse tanto empeño, por aprender, que hasta los soldadores se convirtieron en mis profesores improvisados. Me instruían, me corregían: -mira, ponte una pantalla, Rufino se suelda así y así, comenzando a trabajar en una actividad en la que nunca antes me la había planteado.

Con los estudios nocturnos aprendí a trazar isométricas, injertos, a entender y desarrollar un plano. Me entregaban un plano con un electrodo y yo tenia que doblarlo para que tuviera la misma forma de la figura que se encontraba impresa en el plano; costaba pero finalmente lo conseguía, el resto era cuestión de maña, y ¡yo era mañoso!, además me gustaba ese trabajo; era curioso tenía prisa por aprender y crecer.

Todo estaba transcurriendo muy rápido, las ganas por crecer profesionalmente me llevaron a tomar la decisión de dejar el trabajo de chofer. Así que, comencé con mi primera capacitación profesional como Oficial de segunda “tubero”. Rápidamente me desenvolvía y relacionaba con otros soldadores llegando a conformar una cuadrilla bastante cohesionada. Cuando alguno de los soldadores se enteraba de alguna oferta de trabajo donde ofrecieran mejores condiciones de las que disfrutábamos, para la otra empresa marchábamos todos. Nuestro objetivo era muy sencillo, mejorar nuestras condiciones laborales. Llevaba un año trabajando y adquirí tanta experiencia que al tomar consciencia de mis habilidades;  un día me presente en otra empresa como Oficial de primera y me contrataron.

A mis diecinueve años ya era oficial de primera, “tubero”. La tubería es una rama de la calderería, se trata de una especialidad profesional de la fabricación mecánica, que tiene como función principal la construcción de depósitos aptos para el almacenaje y transporte de sólidos ya sean granos, Áridos, líquidos o gas; así como todo tipo de construcción naval y estructuras metálicas. Es un entorno muy amplio, pero yo me hice “tubero” porque en la refinería había que montar tuberías. Había distintos tipos de tubos, cuanto mas grande es, el tubo, mas conceptos de calderería se precisan. Para hacer una curva mas conocimientos has de tener, como para hacer gajos, grados; sin embargo, con un tubo es mas sencillo le pones un codo lo sueldas y ya esta. La mayoría de mis compañeros esperaban a los treinta para ser Oficial de Primera, a mí la responsabilidad se me echó encima muy pronto, así que desde ese momento yo tuve que organizar y responder de la actividad de un oficial de segunda y de un peón ya que en lo sucesivo estarían a mi cargo.  Tenia claro que quería tener éxito, en consecuencia no podía fracasar. Para evitarlo, por primera vez en mi vida, me lleve ese fin de semana el trabajo a casa para prepararlo y tenerlo todo pensado y listo para el lunes. Cuando el lunes desgrané mi planteamiento elaborado durante el fin de semana, nadie hubiera dicho que fuera un novato, me sentía como si toda mi vida hubiera estado haciendo lo mismo.

Finalizada la obra en Somorrostro busqué trabajo, y al poco, lo encontré en el Barrio Pesquero de Santander, en un taller de construcción de Barcos Pesqueros, consistía en montar toda la tubería de un Barco Congelador, yo era el único tubero del equipo y ahí estuve trabajando hasta que volví a la Refinería para trabajar en mantenimiento; ahora, mi trabajo consistía en ir allá donde se localizaba alguna perdida de presión; recuerdo que mi vehículo para el desplazamiento por la Refinería era una bicicleta, ya que desde el puesto de control hasta donde se encontraba la avería podía haber quinientos, seiscientos o setecientos metros.  Mis actividades profesionales no se detuvieron en esta etapa sino que me llevaron a trabajar en los Astilleros de Santurce, en el puerto de Santander, en las empresas Simsa, Ferro atlántica, Solvay e incluso participé en el montaje del tren Morgan de Nueva Montaña, etc., mi vida transcurría a una velocidad endiablada, en ese momento no era consciente, pero estaba adquiriendo una experiencia social y laboral que mas adelante me servirían para afrontar los siguientes años con mucha mas capacidad y confianza en mi mismo .

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