Capitulo VI: Las que se sientan

La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal,

sino por las que se sientan a ver lo que pasa.

(Albert Einstein)

            Si tuviera que sintetizar, en tres palabras mis sentimientos hacia las personas que me han acompañado o se han cruzado en mi camino a lo largo de mi vida, estas serían: “Satisfacción, Gratitud y Respeto”.

“Satisfacción”, porque me han ayudado durante mi trayectoria, gracias a ellos aprendí a valorar el trabajo responsable, constante y a guiarme por un objetivo “aprender a  mejorar”.

Siento “gratitud” hacia muchas personas con quienes he compartido una parte de la vida, y reconozco que nunca hubiera logrado alcanzar mis objetivos de no haber contado con su confianza, su paciencia e incluso su cariño en mi persona o en mi capacidad.

Y “respeto”, desde pequeño me enseñaron a respetar a las personas, porque de todos y de todo se aprende; por ello, aprendí a guardar “respeto” hacia las personas con las que he tenido que trabajar y de las que tanto aprendí, generalmente personas corrientes, que sin embargo en muchas cosas fueron ejemplares, ya que a pesar de sus defectos,  las virtudes que encontraba en ellas las daban una dimensión ante mi que las convertía en modelos y referentes a imitar; seguro que eran personas iguales a los millones de ciudadanos que contribuyen anónimamente a mejorar nuestro país.

Pasado el tiempo he descubierto que de haber realizado estudios universitarios me hubiera gustado cursar “Sociología”; observar como se comportan las personas, comprender los comportamientos de las distintas sociedades cada vez que viajo al extranjero o cuando, recorro, cualquier ciudad, o región española, mi fijación se dirige a observar las pautas de comportamiento por las que se guían las personas y a compararlas con las que siguen la gente de mi región.  Se ha convertido en una afición, observar los comportamientos de la sociedad y me gusta establecer algunas conclusiones.  Así es como llegó a echar en falta ciertos valores, que antes existían en nuestra sociedad pero que no encuentro que ahora proliferen tanto como antaño, los cuales me han servido personalmente de guía hasta ahora.

Soy consciente que vivimos años duros, difíciles para todo y para todos, bajo un sistema político y socioeconómico que se encuentra bastante agotado. No me refiero a que valores como la democracia sean hoy puestos en cuestión, ni instituciones como la monarquía, ni la forma de organización del Estado que los españoles nos hemos dado y regulado en el titulo octavo de la Constitución de 1978  referido a las Comunidades Autónomas. No; me refiero a valores que han de estar presentes en la gestión de la “cosa pública”; para el buen funcionamiento del sistema. Los representantes políticos, las personas con responsabilidades públicas, las designadas para ocupar cargos de confianza y de libre designación, son las que nos están fallando, y cuando en eso falla afecta al conjunto de la sociedad española, lo que a su vez acaba teniendo efecto en los comportamientos de las personas normales, las que se ven por la calle, o se encuentran trabajando en las fabricas, en los talleres, en los comercios

El hecho de que nuestro país padezca la actual tasa de paro, no es por casualidad ni debido a la mala suerte que tiene el país; el hecho de que mas de un 26 por 100 de la población activa se encuentre sin un puesto de trabajo, me lleva a pensar que tienen que han de ser múltiples las causas que lo provocan.  Si padecemos la actual situación tiene que haber cosas que hacemos peor que los otros países europeos que mantienen sus tasas de desempleo en niveles soportables.

Obviamente no soy técnico, pero creo poseer cierto sentido común, y este me dice que no se está trabajando en la dirección correcta para eliminar las “auténticas” causas que lo han provocado. En mi modesta opinión creo que tendríamos que comenzar por reconocer que nuestra sociedad se encuentra ante una perdida de valores que son esenciales en una sociedad moderna, de aquellos que contribuyeron a traer las libertades a nuestro país y que permitieron que nuestros padres se educaran en unos valores que contribuyeron a crear una sociedad mas justa y moderna pero que nosotros hemos olvidado.

Muchas de las personas de mi generación, recibimos una educación “limitada” que a pesar de ello requería muchos sacrificios y esfuerzos, e incluso para muchos supuso incluso privaciones. Por el contrario, hoy en las familias, los individuos, hemos perdido la disposición al sacrificio, e incluso a aceptar ciertas privaciones en previsión de un futuro siempre incierto. Se ha perdido el hábito de la comunicación y la transmisión oral de todo aquello que había contribuido a que la sociedad española progresara en el respeto, la coherencia, la constancia, en su lugar se ha cultivado el disfrute por la posesión inmediata, que se traduce en poseer aquellos bienes materiales de moda efímera; se ha desplazado la referencia al futuro, deseamos todo para hoy, así es como el esfuerzo, el ahorro, y la constancia  son valores que para una parte de nuestra sociedad, de nuestros días, no tienen sentido alguno. Hoy se favorece el atajo, y el todo vale con tal de obtener el propósito, da igual los medios empleados, da igual el coste que haya tenido. A la sociedad se le ofrecen modelos a imitar orientados a la obtención de un dinero con el que satisfacer necesidades efímeras, y se proponen por encima de la preparación y la cualificación profesional.

Este nuevo estilo de vida “consumista” que nos hemos dado, ha trastocado la jerarquía de valores sociales, a las personas se las reconoce valor por lo que poseen, no por lo que son, no por su saber, su capacidad, su competencia, su actitud ejemplar ante la vida, hoy un “mindundi”  tiene reconocimiento social por gozar de una mera apariencia de poseer unos bienes que son apetecibles para el resto de la sociedad. No resulta extraño que durante años, llevemos escuchando por los medios de comunicación numerosos escándalos de robos, desfalcos, etc. en el que los autores no son detenidos o si lo son ni se les exige que devuelven lo que robaron, y no pasa nada.

En la calle se tiene la sensación, cuando hablas con las personas, que cuanto más roban, más fama obtienen e incluso el ladrón puede llegar a ser agasajado cuando no presentado como ejemplo de lo listo que es por haberse llevado el dinero de un “furgón”. Me resulta muy difícil concebir que un ladrón, por listo que haya estado para dar el golpe, pueda convertirse en icono o referencia social. Algo no funciona en esa sociedad, cuando recurre a este tipo de sujetos. Creo que hay valores que nunca pueden ser subvertidos. Para mi la integridad, la honradez están por encima incluso del arrepentimiento, que ni siquiera es el caso puesto que “el chofer del furgón” no devolvió el dinero. Vemos también como desde determinados medios de comunicación se favorece la imagen de personas que desarrollan un estilo de vida “ocioso” en el que se gana dinero y notoriedad para “vivir como un millonario” sin dar un palo al agua, simplemente a base de dar “palos o insultos” desde algún medio de comunicación.

En las empresas, cada día se conocen mas casos de gente que asciende no por su valía, capacidad, o conocimiento sino por su oportunismo, o por su flexibilidad en la interpretación de la integridad. Los profesionales honrados, las personas con principios y valores, las personas que se mantienen integras son las que resultan molestas y en consecuencia se les margina de todo ascenso o promoción interna. Por el contrario, te mueves un poco entre las empresas y descubres comportamientos muy poco edificantes, “empleados que se compran para su uso personal un determinado modelo de impresora igual al que tienen en su centro de trabajo. No, no lo hacen por la calidad conocida y contrastada de la máquina, lo hacen porque el tóner les resultará mas económico”, gente que de su empresa se lleva a casa los folios, bolígrafos, el papel higiénico, existe bastante extendida una conciencia derivada de cierta insatisfacción personal que crece cuando no se le reconoce a uno su trabajo, o porque se considera que lo que se cobra es menos de lo que uno se merece, lo que me da derecho a esquilmar a “mi empresa” como compensación.

Vemos casos de empresarios que se valen de la empresa para “sacar toda la pasta” sin preocuparles el daño que con su comportamiento pueden estar causando a sus trabajadores, a los  proveedores se valen de todos y se cubren la responsabilidad al amparo de una sociedad mercantil con el propósito de disuadir en primera instancia cualquier reclamación.

Ante una carencia de principios y de valores éticos tan generalizada, no resulta extraño que socialmente el fraude fiscal campe a sus anchas por todas las clases sociales y niveles económicos. Los ricos porque tienen mas facilidades para “eludir” al fisco sus riquezas, o porque gracias a los asesores profesionales protegen del fisco esa riqueza. Las clases medias representada por empresarios, comerciantes y profesionales liberales, funcionarios, técnicos, y los distintos oficios evaden todo lo que pueden porque no existe conciencia de que pagar impuestos contribuya a mejorar su situación. La señora “María” o “Paco” tienen claro que el IVA de la factura; por la “chapuza” del fontanero, o la del albañil o de quien le hace una obra o presta un servicio en casa; es prescindible y en consecuencia se niega a pagarla.

La juventud hoy ya no se educa como antaño, los “mayores están ausentes” durante muchas horas en el hogar; en las aulas, el profesor ha dejado de ser la referencia, en su lugar las pautas son marcadas por los guionistas de unas series de televisión cuyos programas seguidos masivamente por los adolescentes asumen los estereotipos construidos para emular rigurosamente la “tele ficción”; donde la procacidad, la falta de respeto, la falta de esfuerzo, el camino corto, el atajo es sublimado entre quienes se debaten por encontrar sentido a sus vidas. En consecuencia no es extraño que, si desde los medios de comunicación se construyen patrones y modelos a imitar, cada día mas individuos pretendan vivir sin trabajar, sin dar golpe con tal de satisfacer la necesidad que produce la posesión de los objetos tan deseados y puestos en valor por las acciones de marketing de las grandes compañías.

Nuestro estilo de vida favorece el deterioro de la conciencia social; me permito simplificar y realizar ciertas reflexiones de una de la profesiones donde gracias al fácil acceso, un elevado número de sujetos, han encontrado acomodo y desarrollado de unos comportamientos distantes del resto de sus compañeros, pero que se han erigido en representantes ante nuestra sociedad de lo que es un modelo de trabajo fácil, carentes de toda responsabilidad; y cuyo estilo de vida es un mal ejemplo para la sociedad en general, estas profesiones elegidas son las de funcionario, sindicalista liberado y político.

Cuando oímos que en nuestro país existen mas de tres millones de funcionarios; según datos del Banco de España a finales del tercer trimestre de 2011, eran 3.186.000 de personas las que trabajaban para las Administraciones y empresas públicas. Uno no puede dejar de preguntarse para que hacen falta tanto funcionarios. Si buscas referencias de lo que ocurre en otros países, no deja de sorprenderte que en España exista un funcionario por cada 15 ciudadanos, frente a uno por cada 5,7 de Dinamarca, 7,1 de Suecia; 7,9 de Finlandia; 9,6 de Francia o 9,8 de Gran Bretaña  entre otros. Estando los ratios tan lejos de los que presentan esos países, resulta difícil comprender que el ciudadano español, tenga consciencia de que sobran funcionarios. Alguna “información privilegiada” dispondremos para tener esa percepción.

Es conocido que bastantes de los funcionarios que están en las plantillas de las administraciones y empresas públicas se lo deben a su “relación o vinculo” con el político de turno; y como cada uno es vecino de otros ciudadanos a quienes les cuesta un riñón llegar a fin de mes, sienten la injusticia que representa que a esos que no dan un palo al agua en sus vidas, les resulte mas sencillo.

Si, los funcionarios y trabajadores en general con desempeño en las Administraciones Públicas, tienen tan mala imagen ante la sociedad, será que existe una causa que lo justifica, los ciudadanos españoles cuantas veces no habrán sufrido un mal trato o un incorrecto comportamiento “de esos malos funcionarios”, he ahí una de las causas para que exista esa percepción de que sobran; esos son quienes hacen flaco favor al resto de los profesionales, que los hay e incluso con una grandísima capacitación; que  no tienen porque estar en puestos de relación con el contribuyente, puedo aceptar que sean la mayoría, pero aun cuando la minoría sean los que sobran, el coste de esa minoría, en la percepción ciudadana, es demasiado elevado para unas arcas del Estado que se nutren de los impuestos que pagamos los ciudadanos.

La Administración española se la ve como a un gran elefante que se mueve a paso de tortuga por culpa de unas practicas impuestas por los mas incompetentes. La percepción llega a ser tan negativa cuando uno se ve obligado a recurrir a ella para realizar algún tramite. Entonces compruebas que lejos de ayudarte te hacen, incluso, sentirse mal; falta empatía entre los funcionarios que trabajan en la atención al usuario o contribuyente. Lo constatamos en actividades como los trámites de apertura de empresas, el registro civil, la gestión de pasaportes, la extranjería y la justicia. Si existiera un modelo de lo que no debe ser, ese seguro que se encuentra en la actividad judicial, aquí se muestran en su esencia las carencias de la actividad funcionarial en el trato con el usuario.

Según datos del Registro Central de Personal que elabora el Ministerio de Presidencia, las Comunidades Autónomas son las administraciones que más empleo público generan, un 50,6%. Los funcionarios de la Administración Estatal son, porcentualmente, menos de la mitad, el 21,9% y a las administraciones locales pertenecen un 23,6% del total de funcionarios. Al parecer, la eficiencia de la actividad funcionarial la percibe el ciudadano mejor cuanto mas próxima es la realidad, por ello no es extraño que valore mejor a los funcionarios municipales, que a los que trabajan en el sistema de la sanidad y la educación. Lo que no significa que esa percepción se corresponda con la realidad, pero si es cierto que la empatía de los funcionarios que se encuentran en contacto con los ciudadanos que satisfacen necesidades mas básicas sea mayor que la de aquellos cuya actividad sea la mera tramitación de expedientes.

No creo que resultara difícil plantearse que las administraciones fueran lugares donde quien trabaje sea personal capaz, un profesional de valía y con la cualificación requerida para satisfacer eficientemente las necesidades y demandas de la ciudadanía; y quien no lo haga, pues que se busque otro trabajo para el que se encuentre capacitado.

Otra figura que con su comportamiento nocivo causa daño a nuestro país es la del sindicalista ocioso. ¡Ojo con estos!, numerosas empresas han sufrido cierres, recortes, deterioro de las relaciones sociales por estos “desahogados ociosos” en el “ejercicio de una actividad que han convertido en profesión la de “liberados”, ¿cuantos puestos de trabajo han contribuido a crear?, estoy seguro que de haber obtenido éxito seria conocido por todos, carezco de datos en su favor; sin embargo, cualquiera conoce las consecuencias que acarrean a las empresas donde estos ponen su “mira o mejor dicho su ira”.

Los sindicatos podrían haber ingresado en torno a 200 millones de euros, en tres años, procedentes de la intermediación en los procesos de regularización de empleo, según han publicado varios diarios económicos. Y es que por cada despido que gestionan en estos casos, las centrales sindicales se llevan -varía según la organización sindical- entre un 10% y un 15% de la cantidad que le corresponde como indemnización a cada empleado despedido en un proceso de regularización masiva . Cuanta soberbia han mostrado incluso para con sus compañeros. Yo no estoy en contra de la existencia de los sindicatos, sino existieran habría que inventarlos, son necesarios para defender los intereses de los trabajadores frente a los excesos que en ocasiones se producen, en el mundo de las relaciones laborales por cuenta ajena. Creo que son además fundamentales en la reclamación de medidas para la creación de nuevos puestos de trabajo, o para la inserción laboral de aquellos que lo han perdido, o incluso para la inserción de los jóvenes que desean comenzar su vida laboral.

Los sindicatos mas que trabajar en la defensa de los derechos de los trabajadores parece que tratan de defender unos intereses de una clase obrera inexistente hoy día; este probablemente sea el motivo de que cada vez sea menor la afiliación de los trabajadores a estas organizaciones y que la diferencia entre la representación real obtenida por los grandes sindicatos  (CCOO, UGT)  y los múltiples sindicatos sectoriales, independientes o minoritarios que han ido surgiendo se esté acortando elección tras elección . La Confederación Sindical de Comisiones Obreras (CCOO), con ciento veintiséis mil ocho cientos noventa y tres representantes elegidos en sus listas (trabajadores y funcionarios), dispone una cifra entorno al treinta y nueve por cien; en tanto que la Unión General de Trabajadores (UGT) por su parte, con ciento veinte mil setecientos veintiuno representantes elegidos, representa el treinta y siete con diez por cien de la representación total. Ambas confederaciones alcanzan conjuntamente en la fecha considerada nada menos que el setenta y seis con diez por cien del total de los representantes elegidos en el territorio nacional, sobre un total general de tres cientos veinticinco mil cincuenta y siete  representantes electos .

Según datos de la European Company Survey, (2009), la sindicación en los países de la UE se está reduciendo prácticamente en todos los países; en la media de la UE representan un veintitrés por cien de la población activa, mientras que en España ese porcentaje lo sitúan en el diecinueve por cien. La tasa de sindicación en los países nórdicos -Dinamarca, Suecia, Finlandia- es superior al setenta y cinco por cien, debido a la canalización de la gestión del desempleo y otras prestaciones a través de los sindicatos, en Noruega los sindicatos no gestionan las prestaciones por desempleo y la tasa de sindicación es del cincuenta y tres por cien. En términos generales se puede decir que la tasa de sindicación en muy superior en el sector público que en el de la empresa privada.

En mi opinión, los lideres sindicales se empeñan en defender un mercado de trabajo rígido, en unos tiempos donde los mercados se caracterizan por su volatilidad, lo que requiere cierta flexibilidad para la rápida adaptación a los cambios para que las empresas puedan aprovechar la corriente generada por aquellos. Denuncian y rechazan toda flexibilidad de las relaciones laborales, claro dicen una cosa, pero luego hacen otra aplican a sus propios trabajadores las mismas modalidades contractuales y condiciones que tanto critican. Los sindicatos españoles son “doctrinarios de reglas decimonónicas” echan pulsos “convocando huelgas generales” a los gobiernos legítimos y para garantizarse el éxito utilizan como “ariete” contra la libertad de trabajar a los llamados “piquetes informativos” formados por los “liberados ociosos” cuya única misión es la de impedir trabajar a quienes lo desean. Son esos sindicatos que su financiación, en mas del 80 por ciento de sus ingresos, proviene de los presupuestos del Estado, del dinero de los ciudadanos y de las empresas, ya que las cuotas de sus afiliados cada día en menor numero apenas tienen significación.

La tercera rémora para nuestra sociedad es la de los políticos “profesionalizados”, se trata de aquellos sujetos que sin otra ocupación conocida, y sin mas cualificación que su deseo de medrar se han erigido en representantes políticos con claro propósito de permanecer y de “rascar” de las arcas del Estado su nomina.  Estos sujetos se han convertido en otro de los cánceres de nuestra sociedad. Me pregunto cuantos políticos honrados y capaces que hayan tenido éxito en sus profesiones se encontraran en ejercicio en las instituciones de nuestro país. La mediocridad se ha apoderado de los escaños del Congreso (350), del Senado (266), de los Parlamentos de las distintas Comunidades Autónomas (1.218), de las Corporaciones Provinciales (1.040 diputados y 157 consejeros de cabildos) y Locales (68.462).

En Cantabria tenemos ciento dos Alcaldes, y novecientos cincuenta concejales. Los treinta municipios que tienen una población inferior a mil habitantes, su población asciende a quince mil habitantes, cuentan con treinta ediles y ciento cincuenta y seis concejales. Si lo analizamos desde otra perspectiva tenemos que los noventa y un municipios de menor población cuentan con ochocientos treinta y cinco concejales; estos municipios en conjunto tienen una población similar a la que tiene la ciudad de Santander que dispone de veintiséis concejales y el alcalde. Podemos expresar el exceso de representatividad otra forma, por ejemplo, entre los municipios de Santander y Torrelavega localidades que entre las dos la población representa poco mas del cuarenta y uno por cien de la de Cantabria, y cuentan con cincuenta y dos concejales. Los otros cien municipios restantes de la región cuya población representa cincuenta y ocho por cien, cuentan con cien alcaldes y novecientos concejales. Es decir, un treinta y dos por cien de la población de Cantabria se encuentra diseminada y distribuida en noventa y un municipios.

Con estas cifras, es claro que nuestra sociedad ofrece espacio para los representantes políticos, lo lamentable es que quien destaca sea el “mediocre”, personaje, conocido además por sus arteras formas para medrar y conquistar su espacio en la vida política de nuestro país y de nuestra región en particular. Yo no digo que para ser político haya que tener titulación universitaria, solo espero que esté preparado y capacitado. Me da igual como la haya obtenido, pienso que ha de poseer una formación mínima (Bachillerato, o FPII). Un fontanero, un albañil, un Oficial de Primera “Tubero”, un panadero, un dentista, un médico, cualquiera que haya demostrado en su profesión que tiene ciertas habilidades y está capacitado para ganarse la vida con esa actividad puede llegar a ser político, pero ha de demostrar que vale para algo en la vida y que dispone de una formación mínima.

Los ciudadanos no debemos permitir que la política sea un fin y un refugio profesional como en la actualidad ocurre. Si a los actuales políticos, les priváramos de su actual estatus, a muchos se le presentaría un grave problema para insertarse laboralmente; bueno incluso podría plantearse un problema social, ya que serían miles quienes tendrían que reintegrarse a una vida civil para la que no están preparados.

Un país como España, no puede permitirse el lujo de mantener a tantos sujetos incapaces de ganarse la vida mediante el ejercicio de una profesión; como, sin embargo, lo tienen que hacer el resto de sus vecinos. Creo que no debemos seguir engañándonos, esos mediocres aferrados a las poltronas de las instituciones en las que se encuentran, mas que ocuparse por defender los intereses generales de los ciudadanos, dedican su tiempo a pensar en defender los suyos personales y en perpetuarse para evitar perder las poltronas .

Padecemos de una hipertrofia política generada por unos representantes interesados en controlar todas las instituciones con personas afines ideológicamente. Cuando a tanta gente se la permite estar al frente de las instituciones sin tener que rendir cuentas y permitiéndoles tomar decisiones sin la existencia de unos controles eficientes respecto de sus actividades, lejos de contribuir a construir una sociedad mejor, estarán dedicando su tiempo a la defensa de sus propios intereses, con el consiguiente empobrecimiento para la sociedad española. Los ciudadanos de la calle, los que formamos la inmensa mayoría “silenciosa”, y pagana de un sistema que sostenemos con nuestro propio sacrificio solo contamos, para esa gente, a la hora de “pagar impuestos” y cada cuatro años para regalarles nuestros votos en las urnas.

Algunas veces, cuando pienso en las cuestiones políticas, me siento miembro de una sociedad aborregada por la forma en la que somos tratados, a todo decimos beeee, que es tanto como afirmar con nuestro silencio. No obstante, crece el descontento social, y se refleja en las urnas, así que no es raro lo que paso en Cantabria, en las elecciones de dos mil once, los votos en blanco en Cantabria superaron en numero los ocho mil, la cifra pasó bastante desapercibida pero se trata de un numero significativo como para que no se tenga en consideración; cuatro años antes, se obtuvieron poco mas de seis mil ochocientos votos en blanco.

Hemos dejado que nuestro futuro y el de nuestros hijos, sea decidido por los mediocres, y estos han construido las condiciones para que el país tenga un grado de desarrollo que se encuentra a la altura de la capacidad de aquellos, así es que nada de extraño tiene que decenas de miles trabajadores se hayan visto obligados a buscar su futuro en el extranjero, ¿Cuántos mas tendrán que seguir ese camino?.

Esa “clase política” ha favorecido con su comportamiento una perdida de valores cívicos, una relajación de controles existentes, en consecuencia la corrupción se ha instalado en nuestro país con naturalidad; siendo lógico que en la percepción de los problemas que tienen los españoles, aparezcan los políticos como uno de los mas importantes. Asistimos en los últimos años, a la aparición de una cascada de casos de corrupción política que a diario los medios de comunicación nos dan a conocer nuevos capítulos a cual mas escandaloso. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)a partir de febrero 2010 la actividad política se ha convertido, en el tercer problema del país. Anteriormente se situaba de forma casi ininterrumpida por debajo, no sólo de los problemas más protagonistas a lo largo de esos 25 años (como el paro o el terrorismo), sino también de otros más circunscritos a cuestiones como la vivienda, la inmigración o la inseguridad . La ciudadanía española es sobradamente consciente del problema que tiene, y probablemente tendrá consciencia de que la corrupción atenta contra las inversiones en la economía de España y que es una practica tan negativa que limita el desarrollo económico, político y social. En su ensayo sobre La Corrupción Política, Jorge F. Malem Seña dice, “La corrupción socava la estructura social, el principio de la mayoría y las bases mismas de la democracia”. No podemos ser transigentes con la corrupción los ciudadanos debemos combatirla como si de una de las plagas del Apocalipsis se tratara.

Respecto a los efectos económicos de la corrupción política, Jorge F. Malem Seña cree que esta probado que los índices de corrupción degradan las posibilidades de crecimiento económico a largo plazo. Dice que según los Análisis de regresión muestran que un país que mejora su nivel de corrupción de seis a ocho (donde cero indica el país mas corrupto y el diez el mas honesto) experimenta una subida de cuatro puntos en su nivel de inversión y del 0,5 por 100 en su índice de desarrollo per cápita.

Entre las conclusiones que establece el estudio sobre Corrupción y crecimiento económico en la UE, figuran las siguientes :

Los países que presentan mejor combinación entre su “Producto Interior Bruto” (PIB) con un “poder adquisitivo muy por encima de la media” y un “nivel de corrupción muy por debajo de la media” responden a las siguientes características: población reducida, una elevada productividad por hora trabajada, un alto nivel de inversión y, gozan de un alto valor añadido de los bienes y servicios elaborados.

En los países donde la generación individual de valor se encuentra en paridad con poder adquisitivo y con la corrupción existente, existe una relación inmutable de modo que si la corrupción es elevada, se imposibilita el ascenso de aquel. La lectura de esta combinación es tan simple como que “a un país le resulta rentable ser ético”. El estudio concluye que esta probado científicamente que la pobreza elevada y alto nivel de corrupción son indisociables.

Quiero añadir a la lista de “malos funcionarios, liberados sindicales y políticos”, la de los envidiosos. Para Wikipedia la envidia “es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas”. La Real Academia Española la ha definido como “tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee”.

Este país se encuentra afectado gravemente por una enfermedad probablemente endémica: “La envidia”; es tal el número de envidiosos que existen por metro cuadrado que, el CSIC debería plantearse contratar a algún investigador para inventar, ya sea una vacuna, o una máquina que permitiera sanar o reciclar a tanto envidioso, sería todo un “éxito”, ¡que gran liberación para el país!. La envidia a la que me estoy refiriendo es aquella en la cual una persona envidia de otra persona, que tenga éxito, el peor de los envidiosos es aquel que por pereza nunca intentó tener éxito. El ego frustrado de esas personas las “ordena encontrar miles de defectos en la otra persona a la que envidian . Hablando de la envidia siempre recuerdo la intervención del entrenador de futbol Van Gaal, cuando le decía a un periodista, en una rueda de prensa “tú eres muy malo, muy malo ¡la interpretación siempre negativa, siempre negativa.., nunca positiva!. Es verdad, el envidioso se centra en lo negativo, no es capaz de reconocer que los demás tienen derecho a hacer las cosas como quieran; el envidioso, no soporta que los demás obtengan resultados o logros en sus actividades.

Como no son capaces de admitir el éxito de los demás presentan como sucio todo logro o éxito, o si no lo infravaloran quitándolo importancia para hacerlo recaer en la casualidad. El envidioso trata de confundir y distraer de la verdadera causa (trabajo, esfuerzo, ilusión) que hace que los demás obtengan el éxito.

Coincido con Amalio Rey en su Blog tiene escrito un post sobre La envidia española: ¿verdad, mito o paranoia?. Donde dice:  “Es que en este país más que envidia a los empresarios, hay una tradición de triunfar con trampa, a base de nepotismo, favoritismos a cualquier precio. Mucha gente “triunfa” sin arriesgar. Rasgas en un pelotazo, y descubres mucha mierda detrás. Eso explica que se desconfíe tanto”. Reconozco que a veces puede faltar autocritica, en el comportamiento de muchos empresarios; sin embargo, existen y son numerosos en nuestro país los envidiosos profesionales o resentidos que  atacan sin compasión a quien se ha convertido en el foco de su obsesión, ven solo los defectos, y tildan de error lo que no es mas que una forma distinta de hacer las cosas, el propósito de todo lo anterior es que tanta critica y ataque les permite no sentirse tan bajos, ruines y miserables. “La envidia es la íntima gangrena del alma española”  decía Unamuno.

La actitud que más me ayuda ante los envidiosos es mostrándoles la máxima indiferencia hacia sus comentarios y en su caso autoafirmando mi opinión, o resaltando mis decisiones o aquello en lo que me sienta atacado; en esos supuestos tiendo a sentirme orgulloso de mi mismo y no dejo que penetre esa “rabia” y ese “odio” en mi autoestima, procuro no ser permeable a tan baja catadura ética de esos individuos.

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